El ocho de noviembre del 2001, fuimos testigos de la baja del precio del cobre más significativa de los últimos 10 años; todas las predicciones habían fallado y cuando la libra del metal rojo bajo de los 60 centavos de dólar, la barrera sicóloga se rompió preguntándonos - ¿Ahora quien podrá ayudarnos?.
Antes de ese día, la baja del cobre era sostenida y se agravó con los hechos ocurridos en las WTC en New York; el ambiente minero estaba en una constante observación a la bolsa de metales de Londres y de faenas que ya estaban llegando al nivel de su cash cost, convirtiéndolas en malos negocios en conjunto con proyectos de desarrollo detenidos hasta nuevo aviso.
Sin embargo, ese ocho de noviembre, se decidió un aspecto que cambiaría el curso de la minería del cobre y la relación de todos sus actores.
Da la causalidad que justo el día cuando despertamos con un cobre bajo los 60 centavos de dólar, era la flamante inauguración de la mina “El Tesoro”, con una inversión que alcanzó a US$ 292 millones perteneciente en un 61% a Antofagasta Minerals S.A. y Equatorial Mining Limited, en un 39%, se contó con la asistencia del Presidente Lagos además de del Presidente del Directorio de Minera El Tesoro, Jean-Paul Luksic, el Gerente General de AMP Chile, Jorge Bande, y el Managing Director, Head of Commodities and Risk Finance del banco Royal Bank of Scotland, Mark Parry, altos ejecutivos de la SONAMI y del Consejo Minero además de Juan Villarzú, entre otros.
Todos los presentes tenían una sola cosa en mente: “qué más podría pasar ahora con un precio del cobre por el suelo y con más proyectos en desarrollo por delante”, sin embargo pocos sabían lo que se discutía entre los más importantes ejecutivos mineros del país y sin lugar a dudas daría un giro a todo lo que estaba pasando hasta ese día.
Con meses de antelación se preparó la operación comunicacional más importante de los últimos tiempos en la industria minera; el anuncio de recorte de producción.
El día de la inauguración, la preocupación principal de los altos ejecutivos mineros era ¿quién de todos los productores daría el primer anuncio de recorte de producción? Y en ese mismo lugar se decidió quien y cuando se haría el anuncio de esta gran decisión. BHP- Billiton sería el primero y al otro día de la crisis en el precio. Posteriormente Codelco dio el anuncio que estudiaría reducir su producción. Pero ¿qué es lo interesante en todo este asunto?. Investigando que involucra este recorte, nos encontramos con la modificación de los planes mineros de las distintas faenas involucradas en la producción de cobre fino y en qué cantidad afecta esta reducción al costo mina.
Aun con anuncios ya cuantificados (BHP sobre las 170.000 toneladas entre la producción de Chile y Perú y Codelco con 100.000 toneladas menos para el 2002) me atrevo a decir que existe un factor importante que no se ha tomado en cuenta; y es que este anuncio de reducción de producción no tiene ningún efecto sobre el Stock inmediato, es más, ninguno de los anuncios tiene un impacto real sobre el inventario a corto plazo, por que sobre lo que maneja la bolsa de metales de Londres existe un Stock privado de las compañías mineras que es tres veces más grande de lo que tienen negociando en la LME, lo que en estricto rigor no debería afectar los precios a corto plazo. Entonces, ¿Cómo es posible que ya tengamos precios por sobre los 70 centavos de dólar por libra de cobre?, fácil, el anuncio no estaba dirigido a los mineros sino a los que no son mineros.
El efecto comunicacional de la reducción de producción, estaba enfocado a Fondos de Inversión sin intereses en el Cobre en si, si no más bien en el mercado de consumo de cobre que al verse con casi 300.000 toneladas menos, empezó a especular sobre el precio llevándolo a niveles elevados desde el punto de vista de la crisis que se estaba viviendo y la desaceleración que se produjo en Estados Unidos después del 11 de septiembre.
Me gustaría saber de quien fue la idea, por que al parecer funcionó a la perfección, y en realidad mi curiosidad va por el lado de poder plantearle las siguientes preguntas: ¿Qué pasará cuando se explote ese cobre que se dejo de producir? y ¿Nos creerán la próxima vez?...
T.N.
Este blog no tiene ningun otro fin que registrar lo que he escrito o escribo de vez en cuando, asi que enjoy!
lunes, febrero 18, 2002
viernes, abril 27, 2001
Siglo XX: Consolidación de la Minería
Segunda Parte
Historia de la Minería Chilena
Siglo XX: Consolidación de la Minería
Durante los siglos anteriores varios fueron los metales que se explotaron, unos tuvieron su etapa de esplendor y se extinguieron rápidamente, como el oro y la plata. El carbón, el cobre, pero particularmente el salitre, proporcionó bienestar económico, una efervescencia social inusitada e inyectó optimismo al país para incursionar en mercados extranjeros. La ilusión del polvo blanco fue, sin lugar a dudas, el principal producto minero del siglo XIX.
En las primeras décadas del siglo XX, comienza a tomar importancia el cobre, poco a poco va tomando protagonismo: políticas estatales ponen mayor énfasis en regular la actividad minera, el importante papel que juega el Estado, el rol del Ministerio de Minería, empresas e instituciones ligadas al sector, junto con el desarrollo sostenido de la actividad, indican que Chile seguirá abasteciendo al mundo en cobre y otros metales durante muchos años más.
Lo invitamos a seguir leyendo nuestros documentos sobre la historia de la minería en Chile, exclusivos de areaminera.com.
El Salitre
La industria salitrera continuó a principios de este siglo con el mismo empuje e importancia que tuvo a fines del siglo XIX, llegando a producir 2.500.000 toneladas de nitrato en 1910, cifra que se mantiene hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial.
La economía chilena del período 1900-1930 giraba en torno al salitre, exportando en grandes cantidades a Europa, Reino Unido, Alemania, Francia, y Estados Unidos, donde era usado principalmente como fertilizante.
Un nuevo avance se registró durante este siglo, con el denominado sistema Guggenheim, caracterizado por la electrificación y mecanización de la totalidad de las faenas, el empleo de menor mano de obra y la aptitud para procesar caliche de leyes de hasta un 7%.
Desde comienzos del 1900, se había logrado producir amoníaco sintético por el proceso Haber-Bosh, en Alemania. Este fue usado en la fabricación de salitre sintético, producto que desplazaría en gran medida al salitre natural de Chile por su menor costo.
La crisis económica de 1930 provocó el cierre de un número importante de oficinas salitreras. Desde esa fecha, la competencia del salitre sintético deterioró notablemente la situación del salitre natural, que en el transcurso del siglo fue cediendo gradualmente su lugar al cobre como principal producto de la minería nacional.
Cabe mencionar que hacia 1900, la propiedad de las oficinas salitreras estaba mayoritariamente en manos extranjeras, en particular británicas. El Estado chileno obtenía su participación a través de los derechos aduaneros de exportación que cobraba en los puertos de embarque. Ya en 1900 estos impuestos cubrían el 56,29% de las entradas fiscales. En las dos siguientes décadas, la tradicional unión económica de Chile con Gran Bretaña y Alemania comenzó a debilitarse, no sólo en lo relativo al comercio internacional, sino también en las inversiones y préstamos. Así fue que, de una dependencia británica se pasó a una dependencia norteamericana, ya que empresas estadounidenses adquirieron intereses industriales en Chile, en áreas de energía, transporte urbano y, especialmente, de la minería del cobre.
El Cobre
En 1902, W. Braden adquirió el mineral de El Teniente, que llegó a transformarse en una gran empresa en 1912. Cuatro años más tarde, el grupo Guggenheim se hizo cargo de Chuquicamata. En 1900 las inversiones norteamericanas alcanzaban en valores nominales a cinco millones de dólares y en 1920 llegaban a 200 millones, de los cuales 150 correspondían al cobre.
Por otra parte, es preciso destacar que hasta 1920 el capital extranjero siguió dominando la industria del salitre tanto en lo que se refiere a su producción como a su comercialización y transporte. Pero no sólo en el salitre y el cobre dominaba el capital foráneo, sino que en 1915 un tercio de los establecimientos manufactureros, según estadísticas oficiales, declararon que su capital era extranjero.
El colapso del año 30 baja la demanda y el precio del cobre, llevando la producción a sólo 103.000 toneladas el año 1932. La situación anterior se superaría con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual la producción chilena sube hasta 498.000 toneladas el año 1944. Es importante mencionar que la contribución del cobre chileno fue del 18% del total consumido en el conflicto bélico. Por aquellos años, Chile ya era el segundo productor de cobre del mundo.
En los años siguientes, el Estado chileno pone en práctica nuevas políticas respecto a la actividad minera, especialmente en la gran minería del cobre, para favorecer el interés nacional. Por ello, en 1955, se formula la llamada Política del Nuevo Trato (New Deal), que busca aumentar las inversiones de las empresas de la Gran Minería, a partir de menores impuestos y del aumento de la producción, la cual sube de 355.400 toneladas al año en 1954, a 488.400 en 1956.
Mas tarde, en el año 1964, bajo el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, se perfecciona dicha política con la llamada “Chilenización”, en que nuestro país se asocia mayoritariamente al capital norteamericano, toma en sus manos la comercialización del cobre y se realizan importantes inversiones para expandir la producción. Posteriormente, en 1971, bajo el gobierno del Presidente Salvador Allende y mediante una reforma constitucional, aprobada unánimemente en el Parlamento, se completa el proceso de nacionalización total de las empresas de la Gran Minería.
Simultáneamente la Pequeña y la Mediana Minería evolucionaron favorablemente al crearse, en el año 1927, la Caja de Crédito Minero, cuyo objetivo principal fue fomentar la Pequeña y Mediana Minería de oro y de cobre, por medio de la instalación de agencias compradoras de mineral y la construcción de plantas de beneficio, tanto de flotación como de lixiviación. Posteriormente, esta organización pasó a denominarse Empresa Nacional de Minería, la cual además de ser compradora de minerales, cuenta con plantas de concentración, dos fundiciones y una refinería electrolítica.
Otra institución relevante para el desarrollo de la minería y estímulo de la actividad productora nacional, ha sido la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, creada en 1939, como respuesta inmediata ante la emergencia de un terremoto ocurrido ese año, y como expresión de un modelo de desarrollo que pretendía consolidar al Estado como promotor y gestor de un proceso de industrialización, con dos objetivos: la “sustitución de importaciones”, a través de un desarrollo técnico-económico estable; y la generación de un proceso de mejoramiento de los niveles de vida y reducción de los altos índices de cesantía, generados por la crisis del año 30.
El gobierno de la época, llamado del Frente Popular, estaba convencido que los recursos naturales del país eran más que suficientes para acrecentar la capacidad industrial y al mismo tiempo sostenía que esto no sería posible sin elaborar un plan general de fomento de la producción, que pudiera hacer frente además, a problemas como los de la balanza de pagos, la escasa capitalización nacional, el insuficiente crecimiento de la producción agrícola, la pequeñez del mercado interno, la escasa formación técnico profesional, entre otros. Emprender esta tarea requería de una solución global, que sólo podía encarar el Estado y no la iniciativa privada, cuya capacidad de capitalización había sido hasta entonces insuficiente.
En ocasiones, el Estado asumió directamente un papel empresarial, realizando obras de gran envergadura, como:
Empresa Nacional de Electricidad S.A., ENDESA (1944), a la que correspondió la construcción y explotación de diversas plantas eléctricas.
Compañía de Acero del Pacífico, CAP (1946).
Empresa Nacional del Petróleo, ENAP (1950).
Industria Azucarera Nacional S.A., IANSA (1952).
Hoy todas estas empresas han sido privatizadas, con la sola excepción de ENAP.
Otros Minerales
Volviendo a la historia de la minería en el siglo XX, más allá del salitre y del metal rojo, es preciso referirse a otros productos, como el molibdeno, el hierro, el carbón y el petróleo.
El molibdeno se comenzó a recuperar en el país a partir de 1939, en El Teniente. En 1950, su producción llegó a 1.000 toneladas por año. Posteriormente, en 1960, se instalan plantas de recuperación en El Salvador y Chuquicamata, con lo que la producción subió a 4.600 toneladas por año en 1966. Más recientemente, en 1975 y 1977, se instalan nuevas plantas de recuperación en Chuquicamata y Andina, y la producción nacional de molibdeno supera a las 10.000 toneladas por año, colocando al país como tercer productor mundial.
La minería del hierro, muy poco desarrollada en el siglo anterior, alcanzó una mediana importancia al ponerse en trabajo el mineral de El Tofo, en la provincia de Coquimbo. Su producción anual era de 2.000.000 toneladas de mineral de hierro con ley mayor de 60%. Con posterioridad y el año 1950 comenzó a operar la industria siderúrgica Compañía de Acero del Pacífico, CAP, que adquirió el mineral de El Algarrobo y luego el de El Tofo. A partir del año 1950 se intensifica la exportación de mineral de hierro, llegando a 12 millones de toneladas exportadas del mineral por año. Más tarde, las exigencias de calidad impuestas por los compradores han hecho disminuir la exportación de mineral bruto y exportar una materia prima más enriquecida como es el pellet. La planta pelletizadora de Huasco tiene una capacidad de producción de 3.500.000 toneladas de pellets anuales.
En cuanto al carbón, podemos señalar que a principios de siglo, aumenta su producción de 700.000 a 1.000.000 de toneladas por año, siendo usado principalmente en las salitreras, ferrocarriles, barcos minas y metalurgia. La producción de carbón de los años 50 era de 2.000.000 toneladas por año, sin embargo, el costo de producción aumentó debido al alejamiento en los frentes de mineral, especialmente en Lota y Schwager, al alza de jornales y a las inversiones necesarias para mecanizar las faena. Todo esto, unido a la menor demanda ocurrida con la electrificación de los ferrocarriles y al uso de petróleo como energético, hicieron descender el consumo de carbón bajo 1.000.000 toneladas por año. Bajo este panorama poco alentador, la carbonífera finalmente cerró sus faenas en 1996, en medio de protestas de los trabajadores y sus familias por el término de una actividad propia de la octava región. Como medida paliativa ante la cesantía, el gobierno aplicó un plan de reconversión a los ex trabajadores que no dio buenos resultados, por consiguiente trajo la migración de muchas familias hacia otras ciudades en busca de nuevos puestos de trabajo, otras siguen viviendo en la localidad de Lota, bajo una situación económica muy precaria.
En lo que se refiere al petróleo, a comienzos de siglo se realizaron varias exploraciones, pero a partir del año 1929 el Gobierno, a través de la Superintendencia de Salitre y Minas, realizó investigaciones importantes en Magallanes. En 1938 se dictó una ley que dejaba la exploración y explotación del petróleo en manos del Estado. El primer resultado exitoso se obtuvo el año 1945 con la salida del primer pozo en el campo de Springhill. Cinco años más tarde, se creó la Empresa Nacional del Petróleo, que llegó a producir durante un tiempo 2 millones de m3, con un máximo de 2.177.000 m3, encontrándose actualmente en franca declinación, lo que ha motivado exploraciones en otros lugares del país, especialmente en la zona norte, sin resultados positivos hasta ahora.
Escrito por Carolina Fernández Oliveros
Historia de la Minería Chilena
Siglo XX: Consolidación de la Minería
Durante los siglos anteriores varios fueron los metales que se explotaron, unos tuvieron su etapa de esplendor y se extinguieron rápidamente, como el oro y la plata. El carbón, el cobre, pero particularmente el salitre, proporcionó bienestar económico, una efervescencia social inusitada e inyectó optimismo al país para incursionar en mercados extranjeros. La ilusión del polvo blanco fue, sin lugar a dudas, el principal producto minero del siglo XIX.
En las primeras décadas del siglo XX, comienza a tomar importancia el cobre, poco a poco va tomando protagonismo: políticas estatales ponen mayor énfasis en regular la actividad minera, el importante papel que juega el Estado, el rol del Ministerio de Minería, empresas e instituciones ligadas al sector, junto con el desarrollo sostenido de la actividad, indican que Chile seguirá abasteciendo al mundo en cobre y otros metales durante muchos años más.
Lo invitamos a seguir leyendo nuestros documentos sobre la historia de la minería en Chile, exclusivos de areaminera.com.
El Salitre
La industria salitrera continuó a principios de este siglo con el mismo empuje e importancia que tuvo a fines del siglo XIX, llegando a producir 2.500.000 toneladas de nitrato en 1910, cifra que se mantiene hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial.
La economía chilena del período 1900-1930 giraba en torno al salitre, exportando en grandes cantidades a Europa, Reino Unido, Alemania, Francia, y Estados Unidos, donde era usado principalmente como fertilizante.
Un nuevo avance se registró durante este siglo, con el denominado sistema Guggenheim, caracterizado por la electrificación y mecanización de la totalidad de las faenas, el empleo de menor mano de obra y la aptitud para procesar caliche de leyes de hasta un 7%.
Desde comienzos del 1900, se había logrado producir amoníaco sintético por el proceso Haber-Bosh, en Alemania. Este fue usado en la fabricación de salitre sintético, producto que desplazaría en gran medida al salitre natural de Chile por su menor costo.
La crisis económica de 1930 provocó el cierre de un número importante de oficinas salitreras. Desde esa fecha, la competencia del salitre sintético deterioró notablemente la situación del salitre natural, que en el transcurso del siglo fue cediendo gradualmente su lugar al cobre como principal producto de la minería nacional.
Cabe mencionar que hacia 1900, la propiedad de las oficinas salitreras estaba mayoritariamente en manos extranjeras, en particular británicas. El Estado chileno obtenía su participación a través de los derechos aduaneros de exportación que cobraba en los puertos de embarque. Ya en 1900 estos impuestos cubrían el 56,29% de las entradas fiscales. En las dos siguientes décadas, la tradicional unión económica de Chile con Gran Bretaña y Alemania comenzó a debilitarse, no sólo en lo relativo al comercio internacional, sino también en las inversiones y préstamos. Así fue que, de una dependencia británica se pasó a una dependencia norteamericana, ya que empresas estadounidenses adquirieron intereses industriales en Chile, en áreas de energía, transporte urbano y, especialmente, de la minería del cobre.
El Cobre
En 1902, W. Braden adquirió el mineral de El Teniente, que llegó a transformarse en una gran empresa en 1912. Cuatro años más tarde, el grupo Guggenheim se hizo cargo de Chuquicamata. En 1900 las inversiones norteamericanas alcanzaban en valores nominales a cinco millones de dólares y en 1920 llegaban a 200 millones, de los cuales 150 correspondían al cobre.
Por otra parte, es preciso destacar que hasta 1920 el capital extranjero siguió dominando la industria del salitre tanto en lo que se refiere a su producción como a su comercialización y transporte. Pero no sólo en el salitre y el cobre dominaba el capital foráneo, sino que en 1915 un tercio de los establecimientos manufactureros, según estadísticas oficiales, declararon que su capital era extranjero.
El colapso del año 30 baja la demanda y el precio del cobre, llevando la producción a sólo 103.000 toneladas el año 1932. La situación anterior se superaría con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual la producción chilena sube hasta 498.000 toneladas el año 1944. Es importante mencionar que la contribución del cobre chileno fue del 18% del total consumido en el conflicto bélico. Por aquellos años, Chile ya era el segundo productor de cobre del mundo.
En los años siguientes, el Estado chileno pone en práctica nuevas políticas respecto a la actividad minera, especialmente en la gran minería del cobre, para favorecer el interés nacional. Por ello, en 1955, se formula la llamada Política del Nuevo Trato (New Deal), que busca aumentar las inversiones de las empresas de la Gran Minería, a partir de menores impuestos y del aumento de la producción, la cual sube de 355.400 toneladas al año en 1954, a 488.400 en 1956.
Mas tarde, en el año 1964, bajo el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, se perfecciona dicha política con la llamada “Chilenización”, en que nuestro país se asocia mayoritariamente al capital norteamericano, toma en sus manos la comercialización del cobre y se realizan importantes inversiones para expandir la producción. Posteriormente, en 1971, bajo el gobierno del Presidente Salvador Allende y mediante una reforma constitucional, aprobada unánimemente en el Parlamento, se completa el proceso de nacionalización total de las empresas de la Gran Minería.
Simultáneamente la Pequeña y la Mediana Minería evolucionaron favorablemente al crearse, en el año 1927, la Caja de Crédito Minero, cuyo objetivo principal fue fomentar la Pequeña y Mediana Minería de oro y de cobre, por medio de la instalación de agencias compradoras de mineral y la construcción de plantas de beneficio, tanto de flotación como de lixiviación. Posteriormente, esta organización pasó a denominarse Empresa Nacional de Minería, la cual además de ser compradora de minerales, cuenta con plantas de concentración, dos fundiciones y una refinería electrolítica.
Otra institución relevante para el desarrollo de la minería y estímulo de la actividad productora nacional, ha sido la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, creada en 1939, como respuesta inmediata ante la emergencia de un terremoto ocurrido ese año, y como expresión de un modelo de desarrollo que pretendía consolidar al Estado como promotor y gestor de un proceso de industrialización, con dos objetivos: la “sustitución de importaciones”, a través de un desarrollo técnico-económico estable; y la generación de un proceso de mejoramiento de los niveles de vida y reducción de los altos índices de cesantía, generados por la crisis del año 30.
El gobierno de la época, llamado del Frente Popular, estaba convencido que los recursos naturales del país eran más que suficientes para acrecentar la capacidad industrial y al mismo tiempo sostenía que esto no sería posible sin elaborar un plan general de fomento de la producción, que pudiera hacer frente además, a problemas como los de la balanza de pagos, la escasa capitalización nacional, el insuficiente crecimiento de la producción agrícola, la pequeñez del mercado interno, la escasa formación técnico profesional, entre otros. Emprender esta tarea requería de una solución global, que sólo podía encarar el Estado y no la iniciativa privada, cuya capacidad de capitalización había sido hasta entonces insuficiente.
En ocasiones, el Estado asumió directamente un papel empresarial, realizando obras de gran envergadura, como:
Empresa Nacional de Electricidad S.A., ENDESA (1944), a la que correspondió la construcción y explotación de diversas plantas eléctricas.
Compañía de Acero del Pacífico, CAP (1946).
Empresa Nacional del Petróleo, ENAP (1950).
Industria Azucarera Nacional S.A., IANSA (1952).
Hoy todas estas empresas han sido privatizadas, con la sola excepción de ENAP.
Otros Minerales
Volviendo a la historia de la minería en el siglo XX, más allá del salitre y del metal rojo, es preciso referirse a otros productos, como el molibdeno, el hierro, el carbón y el petróleo.
El molibdeno se comenzó a recuperar en el país a partir de 1939, en El Teniente. En 1950, su producción llegó a 1.000 toneladas por año. Posteriormente, en 1960, se instalan plantas de recuperación en El Salvador y Chuquicamata, con lo que la producción subió a 4.600 toneladas por año en 1966. Más recientemente, en 1975 y 1977, se instalan nuevas plantas de recuperación en Chuquicamata y Andina, y la producción nacional de molibdeno supera a las 10.000 toneladas por año, colocando al país como tercer productor mundial.
La minería del hierro, muy poco desarrollada en el siglo anterior, alcanzó una mediana importancia al ponerse en trabajo el mineral de El Tofo, en la provincia de Coquimbo. Su producción anual era de 2.000.000 toneladas de mineral de hierro con ley mayor de 60%. Con posterioridad y el año 1950 comenzó a operar la industria siderúrgica Compañía de Acero del Pacífico, CAP, que adquirió el mineral de El Algarrobo y luego el de El Tofo. A partir del año 1950 se intensifica la exportación de mineral de hierro, llegando a 12 millones de toneladas exportadas del mineral por año. Más tarde, las exigencias de calidad impuestas por los compradores han hecho disminuir la exportación de mineral bruto y exportar una materia prima más enriquecida como es el pellet. La planta pelletizadora de Huasco tiene una capacidad de producción de 3.500.000 toneladas de pellets anuales.
En cuanto al carbón, podemos señalar que a principios de siglo, aumenta su producción de 700.000 a 1.000.000 de toneladas por año, siendo usado principalmente en las salitreras, ferrocarriles, barcos minas y metalurgia. La producción de carbón de los años 50 era de 2.000.000 toneladas por año, sin embargo, el costo de producción aumentó debido al alejamiento en los frentes de mineral, especialmente en Lota y Schwager, al alza de jornales y a las inversiones necesarias para mecanizar las faena. Todo esto, unido a la menor demanda ocurrida con la electrificación de los ferrocarriles y al uso de petróleo como energético, hicieron descender el consumo de carbón bajo 1.000.000 toneladas por año. Bajo este panorama poco alentador, la carbonífera finalmente cerró sus faenas en 1996, en medio de protestas de los trabajadores y sus familias por el término de una actividad propia de la octava región. Como medida paliativa ante la cesantía, el gobierno aplicó un plan de reconversión a los ex trabajadores que no dio buenos resultados, por consiguiente trajo la migración de muchas familias hacia otras ciudades en busca de nuevos puestos de trabajo, otras siguen viviendo en la localidad de Lota, bajo una situación económica muy precaria.
En lo que se refiere al petróleo, a comienzos de siglo se realizaron varias exploraciones, pero a partir del año 1929 el Gobierno, a través de la Superintendencia de Salitre y Minas, realizó investigaciones importantes en Magallanes. En 1938 se dictó una ley que dejaba la exploración y explotación del petróleo en manos del Estado. El primer resultado exitoso se obtuvo el año 1945 con la salida del primer pozo en el campo de Springhill. Cinco años más tarde, se creó la Empresa Nacional del Petróleo, que llegó a producir durante un tiempo 2 millones de m3, con un máximo de 2.177.000 m3, encontrándose actualmente en franca declinación, lo que ha motivado exploraciones en otros lugares del país, especialmente en la zona norte, sin resultados positivos hasta ahora.
Escrito por Carolina Fernández Oliveros
domingo, abril 22, 2001
Historia de la Minería Chilena (siglo XVI al XIX)
Huellas del Pasado
Historia de la Minería Chilena (siglo XVI al XIX)
Desde la Conquista española hasta nuestros días, no ha pasado un instante en que la actividad minera no haya destacado en Chile como actor fundamental de la vida y desarrollo nacional. En diferentes épocas, cateadores, mineros y empresarios, han permitido situar a Chile en el primer lugar como productor de oro, plata o cobre. Se suma a estos nobles metales, la producción en gran escala de hierro, salitre, carbón, hidrocarburos y otros recursos metálicos y no metálicos que hacen de Chile una nación esencialmente minera. Lo invitamos a leer este documento, donde se presenta un recuento histórico de la Minería en Chile que seguirá durante las próximas semanas en areaminera.com.
El Comienzo
Desde el viejo continente llegaron un grupo de expedicionarios, ávidos e ilusionados con la obtención de fáciles y abundantes fortunas. “El afán de riquezas” impulsó a la expedición española a este rincón del mundo, siendo uno de los motivos para la conquista y colonización de Chile en el siglo XVI. La explotación de lavaderos de oro, se convirtió rápidamente en la actividad más importante de éste período, ya que gracias a ella se sustentó la Conquista.
Se calcula que entre 1542 y 1560 se sacaron alrededor de 2.000 kilos de oro como promedio anual. Rendimiento que no se debió tanto a la abundancia del oro mismo como a la gran cantidad de indígenas que fueron empleados en los lavaderos del mineral.
Durante esta época, las principales ciudades que fundaron los españoles, tanto en el norte como en el sur del país -La Serena, Concepción, Valdivia, Imperial y Villarrica-, se erigieron cerca de terrenos auríferos. Sin embargo, el auge de oro fue tan abrupto como efímero, y ya hacia fines de siglo, la actividad aurífera entró en decadencia a raíz del agotamiento de los lavaderos y la disminución de la mano de obra indígena.
Las reformas comerciales introducidas por la Corona española en el siglo XVI, tuvieron profundas consecuencias económicas en el siglo XVII. El intenso comercio con las colonias tuvo como objetivo favorecer a la industria española, principalmente a través de la obtención de materias primas, siendo las más importantes los metales preciosos. Tal política selló el destino minero de las colonias como Chile que, por condiciones naturales, contaban con ventajas para adaptarse a ella. De esta forma, la minería adquirió un gran impulso, mientras que la agricultura pasó a un lugar secundario y la artesanía prácticamente se extinguió.
En el siglo XVIII, la producción de oro se creció diez veces, la de plata aumentó más de 400 veces y la de cobre 20 veces. A fines del siglo, el cobre y el trigo, representaba uno de los principales ejes comerciales de exportación a Lima. La producción de cobre durante la Colonia se calcula entre 1.500 y 2.000 toneladas por año, utilizadas para fines decorativos, fabricación de utensilios, monedas y artillería, entre otros.
Por causa de un mercado inestable, alto precio de los fletes, una cadena de intermediarios que encarecían su precio, el país lograba exportar sólo unas 500 toneladas anuales de cobre. Tal situación cambió en el siglo XIX, al incorporarse el cobre al uso tecnológico derivado de la Revolución Industrial europea.
Dos importantes instituciones ligadas a la minería se formaron durante el siglo XVIII: la Real Casa de Moneda y el Real Tribunal de Minería. La primera, creada en 1750, obedeció al propósito de reponer anualmente el circulante que se fugaba por la intensificación de las importaciones, sin que este mal pudiese ser remediado. En cambio, el Tribunal de Minería, administraba e impartía justicia en esta área, hacía cumplir la legislación minera, desempeñaba algunas funciones administrativas y, en general, se preocupaba del fomento de esta actividad. En términos generales, fue creado por la Corona para salvaguardar y fomentar las actividades mineras con la obtención de metales preciosos, constituyendo el soporte para mantener su economía.
En los años de la Emancipación (1810-1818), la minería fue una de las pocas actividades económicas que se mantuvo más o menos al margen de los acontecimientos bélicos, dada la lejanía de los yacimientos de los escenarios donde se desarrolló la lucha armada, y la política de las autoridades de evitar o atenuar el reclutamiento masivo de la población minera, que proporcionaba recursos indispensables en momentos críticos.
Asegurada la Independencia, la minería se vio animada por un mayor contacto comercial y humano con el exterior. Muchos extranjeros se radicaron en los centros mineros del norte, lo que facilitó los vínculos con empresas foráneas, se introdujeron mejoras tecnológicas y, posteriormente, la incorporación de nuevos capitales.
La apertura al exterior descansó, casi enteramente, en el mejor aprovechamiento de los recursos naturales. Las actividades económicas que tuvieron mayor desarrollo fueron la minería y la agricultura. El trigo se convirtió en el artículo de exportación más importante, gracias a la ampliación del mercado tradicional del Perú y la aparición de otros, como California y Australia.
En la minería, lo más relevante fue el aumento de la producción de plata, el auge del cobre y el surgimiento de la producción de carbón. El período que va desde 1830 a 1880, es conocido como el ciclo de la plata, el cobre y el carbón de piedra.
La Plata
Aunque había yacimientos de plata en producción, fue el descubrimiento de Chañarcillo el factor decisivo en el explosivo crecimiento de este sector en el siglo pasado.
Nuevos descubrimientos y explotaciones, aumentaron espectacularmente la producción de plata, ésta subió de 7.000 - 10.000 kilos por años a comienzos de siglo, a una producción media anual de entre 100.000 y 150.000 kilos entre 1867 y 1900. El auge de este metal en el siglo XIX tendría su última expresión en el descubrimiento de Caracoles, en 1870. La producción nacional bajó a menos de la mitad entre 1890 y 1900. La mayor producción del siglo fue obtenida en 1887, con un total de 220.183 kilos.
El auge de la plata, y de la minería en general, se reflejó en otros aspectos, como el demográfico y urbanístico, siendo lo más sobresaliente de todo la construcción del ferrocarril entre Caldera y Copiapó, proyecto realizado por Guillermo Wheelwright en 1851.
El ferrocarril permitió reducir el tiempo y costo del transporte, que anteriormente se efectuaba a lomo de mulas, y generó un fuerte impulso a la minería y a las exportaciones.
La riqueza minera y el comercio exterior trajeron consigo el surgimiento de nuevas fortunas. La transferencia de capitales provenientes de la minería hacia el centro y sur del país, se reflejó en todo orden de actividades y especialmente en la agricultura. Muchas familias adquirieron haciendas, realizaron importantes obras de regadío e introdujeron nuevos cultivos y adelantos técnicos.
El Cobre
El apogeo cuprífero a partir de la década de 1850, estuvo fundamentado en la creciente demanda mundial, en la introducción de una moderna tecnología y en el surgimiento de la industria fundidora del mineral.
La economía inglesa, que hasta antes de 1825 se autoabastecía de cobre, comenzó a aumentar sus requerimientos al ritmo de la Revolución. En 1826, Chile exportaba a Inglaterra 60 toneladas de cobre; en 1831, más de 2.000 y, en 1835, 12.700.
Hacia mediados del siglo, la producción chilena de cobre adquirió importancia mundial. El creciente uso del metal aumentó el consumo internacional, de 15.000 TM por año a principios del siglo, a 25.000 TM en la década de 1820 y a un promedio de 44.000 TM por año en la década de 1840. En esta época, Chile ya producía 10.000 TM por año y, más tarde, se convertiría en exportador de primera importancia.
Durante los primeros veinte años del siglo, el cobre era exportado en forma de relaves y ejes hacia Swansea, Inglaterra, lo que implicaba castigos en el precio, porque se trataba de un producto de muy baja elaboración. Un avance fundamental en el tratamiento del cobre fue el reemplazo de los antiguos hornos de manga por hornos de reverbero, aporte logrado gracias al químico alsaciano Carlos St. Lambert, quien había llegado en 1897 como gerente a la Compañía Minera Sudamericana. El primer horno fue instalado en 1831 y su uso se difundió ampliamente a partir de 1841.
Otro espectacular aporte a la producción de cobre se debió al esfuerzo de José Tomás Urmeneta que, tras 20 años de excavaciones en 1852 descubrió la veta principal de la mina Tamaya, que alcanzó niveles considerables y fue altamente rentable en corto plazo. Más tarde se abocó a la creación de la industria fundidora de cobre. Instaló las grandes fundiciones de Guayacán y Tongoy, unida esta última a Tamaya por un ferrocarril construido a sus expensas, y habilitó modernas instalaciones portuarias. Nuevos hornos de fundición se levantaron en Tongoy, Lirquén y Lota.
Todos estos hechos favorecieron el crecimiento y desarrollo de la producción nacional, que de un nivel de 10.000 TM por año llegó a 40.000 TM. La baja de precios a comienzos de la década del 60 no afectó a la industria, además que la demanda de cobre siguió creciendo debido a los descubrimientos en el campo electrónico y a los usos del cobre en el área de las comunicaciones.
La mayor producción chilena de cobre del siglo se registró en 1876, con 52.308 TM. A partir de 1870 se inició un largo período depresivo de la economía internacional, que se reflejó en una baja general de los precios, afectando en forma directa al cobre chileno, que sufrió una caída de la que no se recuperaría hasta comienzos del siglo XX. Esto coincidió con el agotamiento de los minerales más ricos de Chile y la explotación de grandes depósitos cupríferos en España y en EE.UU., donde comenzaba el empleo de técnicas más avanzadas.
La importancia relativa de Chile en la producción mundial de cobre disminuyó, en consecuencia. En 1879, significaba un 30% de la producción mundial; en 1890, un 9,7% y, en 1900, sólo un 5,5%. Otro factor de disminución de la producción de cobre, fue el desplazamiento del interés minero hacia un nuevo mineral: el salitre.
El Salitre
El salitre fue, sin duda, el principal producto minero del siglo XIX. Las décadas del 30 y del 40 marcan el inicio de la conquista del mercado europeo, específicamente, Alemania e Inglaterra. La demanda del salitre se apoyaba entonces en su aplicación a la producción de explosivos.
Exitosos experimentos realizados en 1850, sobre el empleo de nitratos como abonos agrícolas, hicieron crecer el interés y la demanda del salitre. Su aplicación como fertilizante se intensificó, además, por el crecimiento de la población europea y de sus requerimientos alimenticios. Ello implicó necesariamente aumentar el rendimiento agrícola, a través de la aplicación de métodos científicos que mejoraran el proceso de nutrición vegetal.
En los inicios de la década del 70 ingresan nuevos capitales, se mejoran las técnicas de elaboración y de transporte con el surgimiento de líneas férreas. El químico e ingeniero inglés Santiago Humberston, adaptó el sistema Shanks, inventando para fabricar carbonato de calcio, a la elaboración del mineral.
Pero sólo en 1879 el salitre adquiere su real importancia, desde la Guerra del Pacífico, cuando Chile empieza a explotar las salitreras de Tarapacá y Antofagasta, como lo demuestran las cifras de la época: entre 1879 y 1900, la producción crece sostenidamente, desde unas 600.000 a 1.460.000 toneladas anuales, fruto del trabajo de 80 oficinas salitreras que ocupaban 25.000 personas en sus faenas.
El período 1830-1880 es conocido históricamente como el ciclo de la plata, el cobre o el carbón de piedra.
Carbón de Piedra
Aunque ya se conocía la existencia del carbón en la zona de Concepción, sólo a partir de 1840 comenzó su explotación sistemática. En 1841 Guillermo Wheelwright extrajo más de 4.000 toneladas y, al año siguiente, veleros ingleses lo transportaban a El Callao. En 1843, Roberto Mc Kay abastecía de carbón a barcos de la Pacific Steam Navegation Company. La producción era aún pequeña y la calidad del carbón deficiente. En ocasiones, el anegamiento de algunas minas obligaba a abandonarlas. En 1844 ya trabajaban tres minas, una en Colcura y dos en Coronel.
En 1847, fueron realizadas las primeras experiencias de fundición de cobre con carbón de piedra por Jorge Rojas Miranda, administrador del establecimiento de fundición de cobre de Lirquén, propiedad de Joaquín Edwards. El carbón provenía de las minas de Cerro Verde. Los resultados de la experiencia fueron excelentes y, más tarde, Rojas Miranda se convertía en exportador con autorización del gobierno.
En 1852, Matías Cousiño compró la hacienda Colcura junto a su socio Tomás Bland Garland y organizaron el mismo año la Compañía de Lota.
A mediados del siglo se trabajaban otras minas de carbón como Playa Negra, por Ramón Rojas, y Puchoco, por Guillermo Délano y Agustín Edwards. En Lebu se instala José Tomás Urmeneta, y desde 1871 empieza a funcionar la Compañía de Maquehua, que explotaba carbones de Colico. También había trabajos en la mina Dichato, en Coelemu.
Las minas de Arauco proporcionaron gran cantidad de carbón que servía como combustible a la industria del país, así como a los barcos que navegaban por la costa del Pacífico. Hacia 1854 la exportación llegaba a 22.000 toneladas, volumen que casi se había duplicado al terminar el siglo.
Escrito por Carolina Fernández Oliveros
Historia de la Minería Chilena (siglo XVI al XIX)
Desde la Conquista española hasta nuestros días, no ha pasado un instante en que la actividad minera no haya destacado en Chile como actor fundamental de la vida y desarrollo nacional. En diferentes épocas, cateadores, mineros y empresarios, han permitido situar a Chile en el primer lugar como productor de oro, plata o cobre. Se suma a estos nobles metales, la producción en gran escala de hierro, salitre, carbón, hidrocarburos y otros recursos metálicos y no metálicos que hacen de Chile una nación esencialmente minera. Lo invitamos a leer este documento, donde se presenta un recuento histórico de la Minería en Chile que seguirá durante las próximas semanas en areaminera.com.
El Comienzo
Desde el viejo continente llegaron un grupo de expedicionarios, ávidos e ilusionados con la obtención de fáciles y abundantes fortunas. “El afán de riquezas” impulsó a la expedición española a este rincón del mundo, siendo uno de los motivos para la conquista y colonización de Chile en el siglo XVI. La explotación de lavaderos de oro, se convirtió rápidamente en la actividad más importante de éste período, ya que gracias a ella se sustentó la Conquista.
Se calcula que entre 1542 y 1560 se sacaron alrededor de 2.000 kilos de oro como promedio anual. Rendimiento que no se debió tanto a la abundancia del oro mismo como a la gran cantidad de indígenas que fueron empleados en los lavaderos del mineral.
Durante esta época, las principales ciudades que fundaron los españoles, tanto en el norte como en el sur del país -La Serena, Concepción, Valdivia, Imperial y Villarrica-, se erigieron cerca de terrenos auríferos. Sin embargo, el auge de oro fue tan abrupto como efímero, y ya hacia fines de siglo, la actividad aurífera entró en decadencia a raíz del agotamiento de los lavaderos y la disminución de la mano de obra indígena.
Las reformas comerciales introducidas por la Corona española en el siglo XVI, tuvieron profundas consecuencias económicas en el siglo XVII. El intenso comercio con las colonias tuvo como objetivo favorecer a la industria española, principalmente a través de la obtención de materias primas, siendo las más importantes los metales preciosos. Tal política selló el destino minero de las colonias como Chile que, por condiciones naturales, contaban con ventajas para adaptarse a ella. De esta forma, la minería adquirió un gran impulso, mientras que la agricultura pasó a un lugar secundario y la artesanía prácticamente se extinguió.
En el siglo XVIII, la producción de oro se creció diez veces, la de plata aumentó más de 400 veces y la de cobre 20 veces. A fines del siglo, el cobre y el trigo, representaba uno de los principales ejes comerciales de exportación a Lima. La producción de cobre durante la Colonia se calcula entre 1.500 y 2.000 toneladas por año, utilizadas para fines decorativos, fabricación de utensilios, monedas y artillería, entre otros.
Por causa de un mercado inestable, alto precio de los fletes, una cadena de intermediarios que encarecían su precio, el país lograba exportar sólo unas 500 toneladas anuales de cobre. Tal situación cambió en el siglo XIX, al incorporarse el cobre al uso tecnológico derivado de la Revolución Industrial europea.
Dos importantes instituciones ligadas a la minería se formaron durante el siglo XVIII: la Real Casa de Moneda y el Real Tribunal de Minería. La primera, creada en 1750, obedeció al propósito de reponer anualmente el circulante que se fugaba por la intensificación de las importaciones, sin que este mal pudiese ser remediado. En cambio, el Tribunal de Minería, administraba e impartía justicia en esta área, hacía cumplir la legislación minera, desempeñaba algunas funciones administrativas y, en general, se preocupaba del fomento de esta actividad. En términos generales, fue creado por la Corona para salvaguardar y fomentar las actividades mineras con la obtención de metales preciosos, constituyendo el soporte para mantener su economía.
En los años de la Emancipación (1810-1818), la minería fue una de las pocas actividades económicas que se mantuvo más o menos al margen de los acontecimientos bélicos, dada la lejanía de los yacimientos de los escenarios donde se desarrolló la lucha armada, y la política de las autoridades de evitar o atenuar el reclutamiento masivo de la población minera, que proporcionaba recursos indispensables en momentos críticos.
Asegurada la Independencia, la minería se vio animada por un mayor contacto comercial y humano con el exterior. Muchos extranjeros se radicaron en los centros mineros del norte, lo que facilitó los vínculos con empresas foráneas, se introdujeron mejoras tecnológicas y, posteriormente, la incorporación de nuevos capitales.
La apertura al exterior descansó, casi enteramente, en el mejor aprovechamiento de los recursos naturales. Las actividades económicas que tuvieron mayor desarrollo fueron la minería y la agricultura. El trigo se convirtió en el artículo de exportación más importante, gracias a la ampliación del mercado tradicional del Perú y la aparición de otros, como California y Australia.
En la minería, lo más relevante fue el aumento de la producción de plata, el auge del cobre y el surgimiento de la producción de carbón. El período que va desde 1830 a 1880, es conocido como el ciclo de la plata, el cobre y el carbón de piedra.
La Plata
Aunque había yacimientos de plata en producción, fue el descubrimiento de Chañarcillo el factor decisivo en el explosivo crecimiento de este sector en el siglo pasado.
Nuevos descubrimientos y explotaciones, aumentaron espectacularmente la producción de plata, ésta subió de 7.000 - 10.000 kilos por años a comienzos de siglo, a una producción media anual de entre 100.000 y 150.000 kilos entre 1867 y 1900. El auge de este metal en el siglo XIX tendría su última expresión en el descubrimiento de Caracoles, en 1870. La producción nacional bajó a menos de la mitad entre 1890 y 1900. La mayor producción del siglo fue obtenida en 1887, con un total de 220.183 kilos.
El auge de la plata, y de la minería en general, se reflejó en otros aspectos, como el demográfico y urbanístico, siendo lo más sobresaliente de todo la construcción del ferrocarril entre Caldera y Copiapó, proyecto realizado por Guillermo Wheelwright en 1851.
El ferrocarril permitió reducir el tiempo y costo del transporte, que anteriormente se efectuaba a lomo de mulas, y generó un fuerte impulso a la minería y a las exportaciones.
La riqueza minera y el comercio exterior trajeron consigo el surgimiento de nuevas fortunas. La transferencia de capitales provenientes de la minería hacia el centro y sur del país, se reflejó en todo orden de actividades y especialmente en la agricultura. Muchas familias adquirieron haciendas, realizaron importantes obras de regadío e introdujeron nuevos cultivos y adelantos técnicos.
El Cobre
El apogeo cuprífero a partir de la década de 1850, estuvo fundamentado en la creciente demanda mundial, en la introducción de una moderna tecnología y en el surgimiento de la industria fundidora del mineral.
La economía inglesa, que hasta antes de 1825 se autoabastecía de cobre, comenzó a aumentar sus requerimientos al ritmo de la Revolución. En 1826, Chile exportaba a Inglaterra 60 toneladas de cobre; en 1831, más de 2.000 y, en 1835, 12.700.
Hacia mediados del siglo, la producción chilena de cobre adquirió importancia mundial. El creciente uso del metal aumentó el consumo internacional, de 15.000 TM por año a principios del siglo, a 25.000 TM en la década de 1820 y a un promedio de 44.000 TM por año en la década de 1840. En esta época, Chile ya producía 10.000 TM por año y, más tarde, se convertiría en exportador de primera importancia.
Durante los primeros veinte años del siglo, el cobre era exportado en forma de relaves y ejes hacia Swansea, Inglaterra, lo que implicaba castigos en el precio, porque se trataba de un producto de muy baja elaboración. Un avance fundamental en el tratamiento del cobre fue el reemplazo de los antiguos hornos de manga por hornos de reverbero, aporte logrado gracias al químico alsaciano Carlos St. Lambert, quien había llegado en 1897 como gerente a la Compañía Minera Sudamericana. El primer horno fue instalado en 1831 y su uso se difundió ampliamente a partir de 1841.
Otro espectacular aporte a la producción de cobre se debió al esfuerzo de José Tomás Urmeneta que, tras 20 años de excavaciones en 1852 descubrió la veta principal de la mina Tamaya, que alcanzó niveles considerables y fue altamente rentable en corto plazo. Más tarde se abocó a la creación de la industria fundidora de cobre. Instaló las grandes fundiciones de Guayacán y Tongoy, unida esta última a Tamaya por un ferrocarril construido a sus expensas, y habilitó modernas instalaciones portuarias. Nuevos hornos de fundición se levantaron en Tongoy, Lirquén y Lota.
Todos estos hechos favorecieron el crecimiento y desarrollo de la producción nacional, que de un nivel de 10.000 TM por año llegó a 40.000 TM. La baja de precios a comienzos de la década del 60 no afectó a la industria, además que la demanda de cobre siguió creciendo debido a los descubrimientos en el campo electrónico y a los usos del cobre en el área de las comunicaciones.
La mayor producción chilena de cobre del siglo se registró en 1876, con 52.308 TM. A partir de 1870 se inició un largo período depresivo de la economía internacional, que se reflejó en una baja general de los precios, afectando en forma directa al cobre chileno, que sufrió una caída de la que no se recuperaría hasta comienzos del siglo XX. Esto coincidió con el agotamiento de los minerales más ricos de Chile y la explotación de grandes depósitos cupríferos en España y en EE.UU., donde comenzaba el empleo de técnicas más avanzadas.
La importancia relativa de Chile en la producción mundial de cobre disminuyó, en consecuencia. En 1879, significaba un 30% de la producción mundial; en 1890, un 9,7% y, en 1900, sólo un 5,5%. Otro factor de disminución de la producción de cobre, fue el desplazamiento del interés minero hacia un nuevo mineral: el salitre.
El Salitre
El salitre fue, sin duda, el principal producto minero del siglo XIX. Las décadas del 30 y del 40 marcan el inicio de la conquista del mercado europeo, específicamente, Alemania e Inglaterra. La demanda del salitre se apoyaba entonces en su aplicación a la producción de explosivos.
Exitosos experimentos realizados en 1850, sobre el empleo de nitratos como abonos agrícolas, hicieron crecer el interés y la demanda del salitre. Su aplicación como fertilizante se intensificó, además, por el crecimiento de la población europea y de sus requerimientos alimenticios. Ello implicó necesariamente aumentar el rendimiento agrícola, a través de la aplicación de métodos científicos que mejoraran el proceso de nutrición vegetal.
En los inicios de la década del 70 ingresan nuevos capitales, se mejoran las técnicas de elaboración y de transporte con el surgimiento de líneas férreas. El químico e ingeniero inglés Santiago Humberston, adaptó el sistema Shanks, inventando para fabricar carbonato de calcio, a la elaboración del mineral.
Pero sólo en 1879 el salitre adquiere su real importancia, desde la Guerra del Pacífico, cuando Chile empieza a explotar las salitreras de Tarapacá y Antofagasta, como lo demuestran las cifras de la época: entre 1879 y 1900, la producción crece sostenidamente, desde unas 600.000 a 1.460.000 toneladas anuales, fruto del trabajo de 80 oficinas salitreras que ocupaban 25.000 personas en sus faenas.
El período 1830-1880 es conocido históricamente como el ciclo de la plata, el cobre o el carbón de piedra.
Carbón de Piedra
Aunque ya se conocía la existencia del carbón en la zona de Concepción, sólo a partir de 1840 comenzó su explotación sistemática. En 1841 Guillermo Wheelwright extrajo más de 4.000 toneladas y, al año siguiente, veleros ingleses lo transportaban a El Callao. En 1843, Roberto Mc Kay abastecía de carbón a barcos de la Pacific Steam Navegation Company. La producción era aún pequeña y la calidad del carbón deficiente. En ocasiones, el anegamiento de algunas minas obligaba a abandonarlas. En 1844 ya trabajaban tres minas, una en Colcura y dos en Coronel.
En 1847, fueron realizadas las primeras experiencias de fundición de cobre con carbón de piedra por Jorge Rojas Miranda, administrador del establecimiento de fundición de cobre de Lirquén, propiedad de Joaquín Edwards. El carbón provenía de las minas de Cerro Verde. Los resultados de la experiencia fueron excelentes y, más tarde, Rojas Miranda se convertía en exportador con autorización del gobierno.
En 1852, Matías Cousiño compró la hacienda Colcura junto a su socio Tomás Bland Garland y organizaron el mismo año la Compañía de Lota.
A mediados del siglo se trabajaban otras minas de carbón como Playa Negra, por Ramón Rojas, y Puchoco, por Guillermo Délano y Agustín Edwards. En Lebu se instala José Tomás Urmeneta, y desde 1871 empieza a funcionar la Compañía de Maquehua, que explotaba carbones de Colico. También había trabajos en la mina Dichato, en Coelemu.
Las minas de Arauco proporcionaron gran cantidad de carbón que servía como combustible a la industria del país, así como a los barcos que navegaban por la costa del Pacífico. Hacia 1854 la exportación llegaba a 22.000 toneladas, volumen que casi se había duplicado al terminar el siglo.
Escrito por Carolina Fernández Oliveros
miércoles, diciembre 27, 2000
De Cara al Nuevo Siglo
Llamémosle atraso tecnológico de nuestra sociedad, o visión exageradamente futurista de las generaciones de los 50´s, 60´s, 70´s e incluso de los 80´s, pero a menos de 1 semana de que lleguemos al siempre comentado nuevo siglo, nuestro mundo aún carece de vehículos epaciales urbanos, robots en abundancia en nuestra vida cotidiana y automatización completa de todas y cada una de nuestras actividades.
Y si bien le fallamos a los visionarios de aquellas épocas, el crecimiento tecnológico que hemos llevado ha sido más que aceptable. Hemos, como raza desarrollado avances en materia tecnológica, política y hasta teológica que sorprendería a muchos. Incluso a aquellos que pronosticaban nuestra vida cambiada al 100% desde la tarea más sencilla.
La era de la información, como muchos le llamamos ha opacado inevitablemente la época espacial y la época computacional, porque conforme se lleva a cabo la convergencia tecnológica, vemos que ésta se dirige hacia un punto muy específico, el que ahora rige nuestras vidas: la información.
Robots y naves espaciales han pasado a segundo término ante la gran demanda de los sistemas que nos permiten comunicarnos. Recibir, enviar y publicar información han sido la base de nuestras actividades. Internet crece exponencialmente, no sólo en usuarios, sino que en tecnología nueva, y en ella se lleva la nueva revolución, más sin embargo, no es la única entidad dedicada a la información, pero sí su principal embajada.
En cuanto al cómputo, desde el nacimiento de la primera computadora a mediados de los años 40 hasta la fecha, el avance ha sido simplemente incomprensible. Los componentes se han reducido a tal grado que los equipos se han convertido en portátiles, y poco a poco los precios reducen y rompen barreras. En cuanto a la telefonía y la transmisión de datos, se ha avanzado a tecnología inalámbrica. Se han desarrollado sistemas satelitales, de microondas, ultra alta frecuencia, radio. Y todo nos lleva a la portabilidad.
El comercio se moderniza también. Es ahora posible comprar tarjetas de débito inteligentes, tarjetas que se pueden usar como monederos electrónicos, tarjetas de prepago de gasolina, de despensa, de telefonía. Uno puede comprar a distancia, hacer operaciones de un lado a otro del planeta con una tarjeta de crédito. Incluso, en países como Canadá o Estados Unidos es ya una realidad comprar con cargo directo a una cuenta de cheques, ésto sin la necesidad de firmar y enviar un cheque o giro. Todo nos lleva al comercio electrónico.
Y las sinergias que se dan en nuestra "era de la información" sufren también un proceso de convergencia. Todas ellas, la información, la portabilidad y el comercio electrónico tienden hacia un punto: la eliminación de fronteras.
Y pues, como conclusión personal deseo remarcar el hecho de la eliminación de fronteras. Hoy nuestra realidad es el nacimiento de una nueva comunidad, una en la que las fronteras no existen, una sociedad creada, operada y gobernada por individuos, cuyo crecimiento desordenado ha llevado su éxito, un éxito que provee de infinitas oportunidades y un evidente campo de opciones, de entre las cuales podemos elegir libremente.
Y si bien le fallamos a los visionarios de aquellas épocas, el crecimiento tecnológico que hemos llevado ha sido más que aceptable. Hemos, como raza desarrollado avances en materia tecnológica, política y hasta teológica que sorprendería a muchos. Incluso a aquellos que pronosticaban nuestra vida cambiada al 100% desde la tarea más sencilla.
La era de la información, como muchos le llamamos ha opacado inevitablemente la época espacial y la época computacional, porque conforme se lleva a cabo la convergencia tecnológica, vemos que ésta se dirige hacia un punto muy específico, el que ahora rige nuestras vidas: la información.
Robots y naves espaciales han pasado a segundo término ante la gran demanda de los sistemas que nos permiten comunicarnos. Recibir, enviar y publicar información han sido la base de nuestras actividades. Internet crece exponencialmente, no sólo en usuarios, sino que en tecnología nueva, y en ella se lleva la nueva revolución, más sin embargo, no es la única entidad dedicada a la información, pero sí su principal embajada.
En cuanto al cómputo, desde el nacimiento de la primera computadora a mediados de los años 40 hasta la fecha, el avance ha sido simplemente incomprensible. Los componentes se han reducido a tal grado que los equipos se han convertido en portátiles, y poco a poco los precios reducen y rompen barreras. En cuanto a la telefonía y la transmisión de datos, se ha avanzado a tecnología inalámbrica. Se han desarrollado sistemas satelitales, de microondas, ultra alta frecuencia, radio. Y todo nos lleva a la portabilidad.
El comercio se moderniza también. Es ahora posible comprar tarjetas de débito inteligentes, tarjetas que se pueden usar como monederos electrónicos, tarjetas de prepago de gasolina, de despensa, de telefonía. Uno puede comprar a distancia, hacer operaciones de un lado a otro del planeta con una tarjeta de crédito. Incluso, en países como Canadá o Estados Unidos es ya una realidad comprar con cargo directo a una cuenta de cheques, ésto sin la necesidad de firmar y enviar un cheque o giro. Todo nos lleva al comercio electrónico.
Y las sinergias que se dan en nuestra "era de la información" sufren también un proceso de convergencia. Todas ellas, la información, la portabilidad y el comercio electrónico tienden hacia un punto: la eliminación de fronteras.
Y pues, como conclusión personal deseo remarcar el hecho de la eliminación de fronteras. Hoy nuestra realidad es el nacimiento de una nueva comunidad, una en la que las fronteras no existen, una sociedad creada, operada y gobernada por individuos, cuyo crecimiento desordenado ha llevado su éxito, un éxito que provee de infinitas oportunidades y un evidente campo de opciones, de entre las cuales podemos elegir libremente.
lunes, diciembre 11, 2000
Un País en vías de desarrollo?...
La diferencia entre los países pobres y los ricos no es su antigüedad. Lo demuestran India y Egipto, que tienen miles de años y son pobres. En cambio Australia y Nueva Zelandia que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos, son hoy países desarrollados y ricos.
La diferencia tampoco es en cuanto los recursos naturales, como es el caso de Japón que, a pesar de tener un territorio muy pequeño es la segunda
potencia económica mundial, pues su territorio es como una inmensa fábrica que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados logrando riqueza.
Tenemos a Suiza sin océano que tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo; no tiene cacao pero tiene el mejor chocolate del mundo; en sus pocos kilómetros cuadrados, pastorea y cultiva solo cuatro meses al año, ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. Es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo.
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran los estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes. Otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fábricas, y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Y tampoco la raza marca la diferencia, pues en países europeos o nórdicos vemos como los africanos demuestran ser la fuerza productiva, no así en sus propios países.
La actitud de las personas es la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubre que la mayor parte de la población sigue las reglas siguientes: moral como principio básico; orden, limpieza, honradez, puntualidad, responsabilidad, deseo de superación, respeto a la ley y Reglamentos, respeto por el derecho de los demás, amor al trabajo, afán por el ahorro y la inversión.
¿Necesitamos más leyes? ¿No sería suficiente con cumplir y hacer cumplir estas 10 simples reglas? En varios países Centro y Sur America, solo una mínima parte cumple estas reglas en su vida diaria.
No somos pobres porque a nuestro país le falten riquezas naturales, o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros. Simplemente, nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas de funcionamiento de las sociedades.
La diferencia tampoco es en cuanto los recursos naturales, como es el caso de Japón que, a pesar de tener un territorio muy pequeño es la segunda
potencia económica mundial, pues su territorio es como una inmensa fábrica que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados logrando riqueza.
Tenemos a Suiza sin océano que tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo; no tiene cacao pero tiene el mejor chocolate del mundo; en sus pocos kilómetros cuadrados, pastorea y cultiva solo cuatro meses al año, ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. Es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo.
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran los estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes. Otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fábricas, y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Y tampoco la raza marca la diferencia, pues en países europeos o nórdicos vemos como los africanos demuestran ser la fuerza productiva, no así en sus propios países.
La actitud de las personas es la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubre que la mayor parte de la población sigue las reglas siguientes: moral como principio básico; orden, limpieza, honradez, puntualidad, responsabilidad, deseo de superación, respeto a la ley y Reglamentos, respeto por el derecho de los demás, amor al trabajo, afán por el ahorro y la inversión.
¿Necesitamos más leyes? ¿No sería suficiente con cumplir y hacer cumplir estas 10 simples reglas? En varios países Centro y Sur America, solo una mínima parte cumple estas reglas en su vida diaria.
No somos pobres porque a nuestro país le falten riquezas naturales, o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros. Simplemente, nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas de funcionamiento de las sociedades.
martes, noviembre 28, 2000
Reconocer a la Gente
Cada uno de nosotros tiene ciertos rasgos que nos hace ser únicos. Y no sólo son los físicos, también tenemos mil y una características en nuestra diaria forma de ser que nos hacen totalmente reconocibles por los que cotidianamente nos rodean.
Una actitud, un ademán, un gesto, una mirada, una reacción; todo esto nos permite decirle a los demás quiénes somos. Y quizá les decimos más de lo que creemos. El lenguaje corporal es muy completo. En muchas ocasiones más que el hablado o el escrito, pues en un instante, con sólo una mirada se puede expresar lo que podríamos escribir en una o más cuartillas de texto. Sin embargo, en otra situación puede la misma mirada significar y expresar algo muy diferente.
Es inexplicable la naturaleza humana, pero como en el resto del reino animal, generalmente usamos ademanes para comunicarnos con extraños, ademanes entendibles en cada punto del planeta. Es un lenguaje universal que puede expresar desde el más inofensivo sentimiento de pena hasta un muy fogoso cariño; desde un simple malestar interno hasta la rabia más desgarradora.
Aquél que aprende a desarrollar la capacidad de observar y analizar el lenguaje corporal de los demás tiene mayor facilidad para conocer a quienes le rodean. Aquel que ve cada mirada, cada movimiento, cada palabra, el tono de la voz, los movimientos de cara, ojos, labios, manos, y aprende a descifrarlos tiene mayor control sobre la situación, porque incluso podrá predecir lo que va a suceder pronto, aún más, podrá conducir a su gusto una situación determinada. Lo interesante en este punto es que todos tenemos estas cualidades de análisis, algunos más desarrolladas que otros, pero todos las tenemos.
Algunas personas van más allá. Algunas personas también analizan el físico y la vestimenta de los demás. Al ver esto, se puede llegar a conocer más sobre los hábitos de quienes están en nuestro entorno. Podemos deducir los hábitos de higiene y limpieza, y por tanto el interés propio. Se puede saber en algunos casos si alguien está casado, o si una mujer está embarazada, la probable edad de quien analizamos, posiblemente su profesión, quizá determinar si practica algún deporte y qué tipo de deporte, en muchos casos, ver sus aficiones o pasatiempos, el origen, y en fin, muchos detalles más.
Éste último punto es lo que hizo famoso al detective de Scottland Yard, Sherlock Holmes, quien incluso antes de escuchar una sólo palabra de sus clientes o de la gente con que trataba, ya conocía los elementales detalles que lo llevaban a conocerlos. Y nuevamente, como en puntos anteriores, todos tenemos estas capacidades, algunos más desarrolladas que otros, perto todos las tenemos.
Como estos puntos hay muchos, y todos sirven para lo mismo, aprender más sobre los que nos rodean.
Una actitud, un ademán, un gesto, una mirada, una reacción; todo esto nos permite decirle a los demás quiénes somos. Y quizá les decimos más de lo que creemos. El lenguaje corporal es muy completo. En muchas ocasiones más que el hablado o el escrito, pues en un instante, con sólo una mirada se puede expresar lo que podríamos escribir en una o más cuartillas de texto. Sin embargo, en otra situación puede la misma mirada significar y expresar algo muy diferente.
Es inexplicable la naturaleza humana, pero como en el resto del reino animal, generalmente usamos ademanes para comunicarnos con extraños, ademanes entendibles en cada punto del planeta. Es un lenguaje universal que puede expresar desde el más inofensivo sentimiento de pena hasta un muy fogoso cariño; desde un simple malestar interno hasta la rabia más desgarradora.
Aquél que aprende a desarrollar la capacidad de observar y analizar el lenguaje corporal de los demás tiene mayor facilidad para conocer a quienes le rodean. Aquel que ve cada mirada, cada movimiento, cada palabra, el tono de la voz, los movimientos de cara, ojos, labios, manos, y aprende a descifrarlos tiene mayor control sobre la situación, porque incluso podrá predecir lo que va a suceder pronto, aún más, podrá conducir a su gusto una situación determinada. Lo interesante en este punto es que todos tenemos estas cualidades de análisis, algunos más desarrolladas que otros, pero todos las tenemos.
Algunas personas van más allá. Algunas personas también analizan el físico y la vestimenta de los demás. Al ver esto, se puede llegar a conocer más sobre los hábitos de quienes están en nuestro entorno. Podemos deducir los hábitos de higiene y limpieza, y por tanto el interés propio. Se puede saber en algunos casos si alguien está casado, o si una mujer está embarazada, la probable edad de quien analizamos, posiblemente su profesión, quizá determinar si practica algún deporte y qué tipo de deporte, en muchos casos, ver sus aficiones o pasatiempos, el origen, y en fin, muchos detalles más.
Éste último punto es lo que hizo famoso al detective de Scottland Yard, Sherlock Holmes, quien incluso antes de escuchar una sólo palabra de sus clientes o de la gente con que trataba, ya conocía los elementales detalles que lo llevaban a conocerlos. Y nuevamente, como en puntos anteriores, todos tenemos estas capacidades, algunos más desarrolladas que otros, perto todos las tenemos.
Como estos puntos hay muchos, y todos sirven para lo mismo, aprender más sobre los que nos rodean.
lunes, octubre 30, 2000
Todo Depende de Nuestras Metas
En alguna ocasión escuché algo muy cierto. "Uno se vuelve exitoso en el momento en que empieza a encaminarse hacia una meta valiosa." Y es muy cierto, ya que nuestras metas marcan el rumbo de nuestras vidas. En ellas enfocamos nuestros esfuerzos, y en ellas cultivamos nuestras ilusiones. Día con día alimentamos nuestros deseos y nos acercamos a su cumplimiento.
El hecho de contar con una o varias metas valiosas para nosotros, a corto, mediano y largo plazo nos hace crecer y mejorar. Cada persona tiene la capacidad de fijarse cierta cantidad de metas y sabe la magnitud de proyectos que puede emprender, y sin embargo, conforme se van cumpliendo, nuestra capacidad va creciendo, así como nosotros mismos como individuos, como personas y como seres sociales.
Yo, particularmente me he propuesto metas que se han cumplido con el tiempo, me he esforzado para salir adelante, aún ante situaciones adversas. He ido en ocasiones más allá de lo que creía posible, y mis metas se han logrado. Y algo muy importante y satisfactorio es haber contado con el apoyo de personas cercanas a mí para llevar a cabo mis proyectos, mis planes y mis ilusiones.
Siempre he tenido un carácter de riesgo. Rara vez me he detenido por miedo, y aunque alguna vez me ha hecho dudar, mi espíritu arriesgado me ha impulsado a ser osado ante toda situación. He emprendido proyectos que sin embargo nunca progresaron y a raíz de ellos, en vez de hundirme, salí a flote, a ver nuevos horizontes. Aprendí de mis errores y sigo aprendiendo de ellos. Me dan armas para seguir adelante y evitarlos en un futuro.
Estoy rodeado de gente exitosa que también ha aprendido de sus errores, gente que ha logrado algunas de sus metas. Amigos y más que amigos que han visto que cumplir una meta no es tan difícil como lo parece al proponérselo. Conozco a quien aún no se ha dado cuenta plenamente que la meta que sigue ha cambiado su vida en muchos aspectos, siempre positivos, a nivel personal, a nivel profesional. Y aún cuando su meta está cerca o lejos, la tiene en mente, y se esfuerza día a día para lograrla.
Mis metas más inmediatas me han abierto los ojos y me han hecho saber que uno es capaz de lograr lo que se propone, y por lo tanto, me han hecho proponerme metas a no tan corto plazo, que requerirán más de mi, pero que sé, pronto voy a llegar a mi destino, como una persona exitosa.
El hecho de contar con una o varias metas valiosas para nosotros, a corto, mediano y largo plazo nos hace crecer y mejorar. Cada persona tiene la capacidad de fijarse cierta cantidad de metas y sabe la magnitud de proyectos que puede emprender, y sin embargo, conforme se van cumpliendo, nuestra capacidad va creciendo, así como nosotros mismos como individuos, como personas y como seres sociales.
Yo, particularmente me he propuesto metas que se han cumplido con el tiempo, me he esforzado para salir adelante, aún ante situaciones adversas. He ido en ocasiones más allá de lo que creía posible, y mis metas se han logrado. Y algo muy importante y satisfactorio es haber contado con el apoyo de personas cercanas a mí para llevar a cabo mis proyectos, mis planes y mis ilusiones.
Siempre he tenido un carácter de riesgo. Rara vez me he detenido por miedo, y aunque alguna vez me ha hecho dudar, mi espíritu arriesgado me ha impulsado a ser osado ante toda situación. He emprendido proyectos que sin embargo nunca progresaron y a raíz de ellos, en vez de hundirme, salí a flote, a ver nuevos horizontes. Aprendí de mis errores y sigo aprendiendo de ellos. Me dan armas para seguir adelante y evitarlos en un futuro.
Estoy rodeado de gente exitosa que también ha aprendido de sus errores, gente que ha logrado algunas de sus metas. Amigos y más que amigos que han visto que cumplir una meta no es tan difícil como lo parece al proponérselo. Conozco a quien aún no se ha dado cuenta plenamente que la meta que sigue ha cambiado su vida en muchos aspectos, siempre positivos, a nivel personal, a nivel profesional. Y aún cuando su meta está cerca o lejos, la tiene en mente, y se esfuerza día a día para lograrla.
Mis metas más inmediatas me han abierto los ojos y me han hecho saber que uno es capaz de lograr lo que se propone, y por lo tanto, me han hecho proponerme metas a no tan corto plazo, que requerirán más de mi, pero que sé, pronto voy a llegar a mi destino, como una persona exitosa.
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